Los héroes anónimos del 99
La transición de Baja California Sur del sistema de partido único a un régimen democrático de alternancia no fue un hecho fortuito ni resultado exclusivo de coyunturas electorales. Fue la culminación de un proceso social y político intenso, cargado de emociones, convicciones y participación ciudadana.
13/feb/2026
La transición de Baja California Sur del sistema de partido único a un régimen democrático de alternancia no fue un hecho fortuito ni resultado exclusivo de coyunturas electorales. Fue la culminación de un proceso social y político intenso, cargado de emociones, convicciones y participación ciudadana, que solo quienes lo vivieron de primera mano pueden dimensionar plenamente. La elección del 7 de febrero de 1999 marcó un punto de quiebre histórico, imposible de entender sin reconocer a los miles de sudcalifornianos que, desde el anonimato, empujaron el cambio. Previo a esa jornada electoral, la efervescencia social se expresó en la conformación de dos organizaciones civiles clave: la Alianza por la Dignidad y la Democracia (ADD) y la Alianza Democrática Sudcaliforniana (ADS). Estas estructuras ciudadanas se convirtieron en el motor de una coalición partidista integrada por el PRD, el PT y el entonces partido Convergencia, hoy Movimiento Ciudadano. Más que una suma de siglas, representaron un frente común contra la inercia autoritaria que durante décadas había definido la vida política del estado. En este proceso, la función de los medios de comunicación opositores resultó determinante. El periódico La Extra, fundado por don Daniel Roldán Zimbrón, y la revista Quepoca, creada por el licenciado Armando R. Romero Balcázar, asumieron el costo de informar, cuestionar y denunciar en un contexto adverso. Quepoca, surgida en 1993 como una expresión crítica inspirada en el humor político, se consolidó como un contrapeso editorial indispensable frente a la corrupción y las prácticas antidemocráticas que prosperan cuando no existe vigilancia pública. La crisis interna del PRI, evidenciada en una elección interna con un padrón cuestionado, terminó por detonar la recomposición política. El general y senador José Antonio Valdivia, el licenciado Antonio Benjamín Manríquez Guluarte y el entonces presidente municipal de La Paz, Leonel Cota Montaño, protagonizaron un episodio decisivo. La declinación del general Valdivia, marcada por la disciplina institucional propia de su formación militar, reconfiguró el escenario y permitió la consolidación de una candidatura que canalizó el descontento social acumulado. El resultado fue una participación electoral histórica del 69.33%, reflejo de una ciudadanía movilizada y consciente de la trascendencia del momento. Aquella elección difícilmente podrá repetirse, no solo por las condiciones políticas, sino por la intensidad del compromiso social que la hizo posible. Los verdaderos protagonistas fueron los héroes anónimos, como los ha llamado el propio Leonel Cota Montaño, hombres y mujeres que entendieron que la democracia no se concede, se construye.