El carácter heroico

El 10 de mayo es una fecha especial para todos por ser el Día de las Madres, así que para pasar un momento más cercano con mi madre la acompañé al panteón de los Sanjuanes

El 10 de mayo es una fecha especial para todos por ser el Día de las Madres, así que para pasar un momento más cercano con mi madre la acompañé al panteón de los Sanjuanes junto con mi tía Antonia. Escuchamos la tradicional misa en el panteón a las 7 de la mañana y de ahí pasamos a visitar las tumbas de nuestros familiares. Después de limpiar el interior de la capilla, retirar las flores secas y colocar flores nuevas, estuvimos un momento en silencio frente a los nombres de nuestras madres y abuelas. No pude evitar romper el silencio al leer en voz alta el nombre de Emilia Mendoza, fallecida en el año de 1950, madre de mi abuelo Enrique Taylor Mendoza, y es que todos en la familia sabemos que su nombre real era Emigdia y no Emilia, pero por facilidad fonética todos la llamaron siempre Emilia, el nombre que lleva mi madre y una de mis hijas. Por curiosidad profesional no pude evitar hacer algunas preguntas para completar un poco una de las historias familiares más apasionantes que me contó mi abuelo Enrique en mi infancia, y que con la ayuda de mi tía Antonia pude reconstruir para compartir con usted. Mi bisabuela se llamaba Emigdia Mendoza Martínez, nació en Cosalá, en el estado de Sinaloa, era hija de un ex militar que luchó contra el ejército invasor francés en la Batalla del 5 de mayo en Puebla. Su nombre era Juan José Mendoza, quien fue casado con Lázara Martínez y, según la tradición oral familiar, en su adolescencia abandonó el hogar materno por diferencias con su padrastro y, para sobrevivir, se enlistó en el ejército mexicano de aquella época, dando inicio a una carrera militar desde abajo. Se piensa que llegó a un grado importante, debido a que durante la Batalla del 5 de mayo luchó desde un caballo a punta de espada. Él nunca respondió a la pregunta morbosa de ¿a cuántos franceses mató?, solo decía: "ellos me tiraban y yo les tiraba a ellos". En otra parte de la anécdota se narraba la escena de un feroz encuentro en el interior de un edificio, al parecer un mercado. Lo que más marcó su memoria fue que por las puertas del lugar corrían raudales de sangre, mientras desde su caballo él luchaba a espada, defendiendo un costado y enfrentando del otro a múltiples franceses. En una ocasión el Gobierno de México quiso reconocer a los veteranos de la Batalla de Puebla para otorgarles una pensión de retiro, pero don Juan José se negó a recibirla diciendo: "Yo no defendí a mi patria para que me dieran una pensión", por lo que nunca se inscribió en la lista que levantaba el Gobierno de México, prefiriendo quedar en la memoria de los llamados héroes anónimos de la historia de México. Él nunca buscó ni recibió apoyo económico o reconocimiento por su participación en la Batalla de Puebla. A manera de homenaje póstumo compartimos este recuerdo familiar para recordar que el patriotismo nace del carácter íntimo del alma, que no puede comprarse ni imponerse, pues para algunos el único mérito es haber cumplido con el deber. Por eso hoy también recordamos con respeto a las madres en el Día de las Madres y a los soldados que combatieron al ejército francés en la Batalla del 5 de mayo de 1862 en Puebla.

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